miércoles, 14 de octubre de 2015

brasa

dale
manosea timbres
menstrua polleras
mujer salvaje
delirante
ebria coloquial
sé cada tanto
un caos
perversa
fugaz
dale, sin duda
dame de esa
maravillosa
salsa para nadar




mambo

permiso
desfile conmigo hispánico sonámbulo
apenas perverso

has retorcido mi cerebro hasta resquebrajarlo
música, cólera, ay
sensual reír, andar plástico
neuralgia

porteño surrealista, por favor
¡auxilio!








che pelotudo ya está, chau caos

lunes, 12 de octubre de 2015

plaza

hola 
tengo una libreta azul 
para qué es 
bueno me gusta dibujar mapas 
y esconder secretos 
sé de palabras y pintores 
hablo raro 
como en difícil 
y en mi casa hay un proyector 
si me das permiso 
puedo preparar música en frascos 
robarte un par de ideas 
e irme con el sol

uno

Vi un hombre azul. Tenía el cuerpo largo, las manos ocultas, los pies dormidos. Lo llamé. Me miró de cerca, incrédulo. -¿Usted, es? –le dije. Asintió con la cabeza. -Yo no lo estaba esperando –pronuncié. Se encogió de hombros. -¡Qué inoportuno! –mis manos corrieron hacia mi boca intentando retener lo que ya había sido dicho. Él se limitó a escuchar, con sus ojos como estrellas sobre mí. Entonces, no encontré otra opción más que examinar minuciosamente cada puntito, hueco, mancha que podía llegar a haber en el piso con la esperanza de… ¡pero no! ¡qué insistente! Fui emboscada, abandonada por completo a su mirar. Vencida, levanté el rostro y encontré el océano. Su calma estridente, la inmensidad. Desaparecí, para siempre (por unos cuantos minutos).

mundo

distingo cristales que alumbran 
destilan 
veo la espuma de los cuerpos 
al descender 
reflejos 
las algas giran 
en remolinos 
y el esqueleto se derrumba 
al tocar lo abstracto 
listas 
mueren los números en mis manos

rincón

el instante 
la hoja 
su movimiento 
correr 
una hamaca 
el río 
los árboles 
pausa 
pies, 
manos 
dedos, 
uñas 
frío 
se expande la piel 
y late el sol 
entre los párpados

verte

dale permiso al viento 
y a mis manos 
y a mi boca 
desequilibrio 
vértigo 
tu voz es espuma 
alrededor del ombligo 
colgar 
por qué morder 
y no besar 
volar apenas 
permanecer

habitación 126

rojo 
la cama 
el piso 
las paredes 
rojo 
rojo líquido espeso 
tubos entran 
salen 
giran 
suben 
y en el techo 
la mirada busca 
pide 
grita 
no es dolor 
es lo que queda

infancia

el elástico de la pollera 
abriéndose 
hasta convertirse en sábana 
para construir una casita 
y volver a jugar 
bajo la mesa 
entre las sillas 
cuántos cuentos y aventuras 
el elástico de la pollera 
abriéndose 
haciendo espacio 
para dos 
tal vez tres 
abriéndose 
la tela se suelta 
da lugar 
y como vino 
el recuerdo se va

un juego

¿qué es una habitación sin luz? 
arriba, abajo 
a los costados 
adentro 
en degradé 
viajar al centro de la tierra 
rodar 
ser un bollito de papel 
tal vez dos 
tal vez tres

mecanismo

como un botón en la cabeza 
palabras 
te desvisten 
te despojan 
desnudan tu cuerpo 
palabras 
duendes endemoniados 
quitándote todo 
no las manos 
no los dedos 
palabras

túnel

voy a regalarte un libro 
para que le arranques las hojas 
y te las comas 
todas 
una a una 
y cuando esté dentro 
hasta en tu sangre 
yo en cada parte 
yo en todo el cuerpo 

correr
por un bosque ciego hacia la luz 
no poder detener el impulso 
las piernas 
caer 

repetirnos, recordarnos 
como un agujero eterno 
por donde pasa el agua y nos salpica 
casi sin mojarnos


julio

siento la alegría del cronopio 
cuando toco tu boca 
su patrioterismo 
las luces 
y la sociedad de consumo 
doy la vuelta al día 
en ochenta mundos 
cuando veo tus ojos 
y aunque el rey está desnudo 
sus ramificaciones volátiles son 
no se asemeja 
no se parece 
nunca será como vos 
es la tía explicada o no 
como Evita intervenida 
ante el despertar de la Maga 
no se entiende 
no importa 
es para vos 

hoy somos vos y yo 
excluidos 
presos en este poema a Dios 
ese pajarito mandón 
 ¿y ese quién es? 
un tal Lucas 

Lucas, sus amigos
Lucas, sus soliloquios 
Lucas y su dolor 
ya no importa 
hoy somos 
solo vos y yo

casa

Tres golpes, la puerta se abre. Una escalera, dos gatos, ¿me estás mirando? El crujir de la madera genera escalofríos. ¿Son mis piernas las que suben? Toco las paredes, sigo las luces, los colores, hay olor a vida, a cuerpos, a bocas que se besan, que se lamen. ¿Son tus ojos los que me miran? Un amanecer entre sábanas blancas, pechos abiertos, manos dispuestas, pájaros. La ventana y el tren que pasa, tres o cuatro colectivos y un avión dibujando el cielo. Las huellas de los autos como nubes, ¿me estás mirando? Abajo hay un patio y está vacío. El eco de una pelota que rebota, grillos, viento, hojas..

jardín

descuidaste el árbol 
y perdió las hojas 
como en un otoño temprano 
prematuro 
desde la raíz 
hasta las nubes
su cuerpo ya vacío 
llora savia 

¿ves el sol? 
espera que se abra la flor 
y corre hasta el río

maldición árabe

En la cocina alguien prepara café. 
Me sirve una taza, atraviesa la habitación y se va. 
La puerta queda abierta

reflejo

sentada en la mesa, 
la criatura ríe 
te mira, 
me mira, 
los mira 
y ríe 


no dice nada 
solo ríe 

mastica papel, 
frases hechas, 
promesas rotas, palabras


palabras 


lee, escucha, mira 
y ríe 
la criatura se ríe

vida

abrir agujeros 
desatar nudos 
romper espejos 
descuartizar muñecas 
amar hasta sangrar 
y ceder 
manchar el piso 
las paredes 
la cama 
gotearlo todo 
ser barro 
agua
luz 
y de noche 
otra vez frío

primavera

la ventana está abierta 
la noche en camino 

del otro lado 
pequeñas personas 
como botones de una camisa, 
florecen

frío

moscas sobre el cadáver 
de aquella mujer 
que se descompone 

bilis derramándose 
inocua 
entre las incendiadas viseras 
esparcidas sobre la mesa 

vi nostalgia en sus ojos 
restos 
manos deshabitadas 
piel oscura y labios rotos 

una fiebre imparable 
mojó sus sabanas 
y le mordió las piernas 

la vi caer azul 
nadie fue su entierro 
tuvo que morir, 
también sola

sin fin

tan solos nosotros y nuestros cuerpos, 
viajeros eternos 
desconocidos, 
conociéndonos más 
de lo que ya nos conocemos 

vivimos en tiempos de excusas, 
de manos escondidas 
y besos robados 

nosotros los raros 

habitantes de un mismo desconcierto 
compañeros de largos insomnios 
y reiterados desencuentros 

nosotros los que nos vemos lejanos 
y guardamos silencio de disimulo 
aunque por dentro quemen las ansias 
de sabernos a solas, 
sin palabras, ni ropas, ni esquemas 

ridículos, tímidos 
y desafiantes 
como niños 

nos ocultamos en el paso del tiempo 
queriéndonos con los ojos y en silencio

monoambiente

nada late dentro de estas cuatro paredes 

mi vida pasa ahora 

como esa vieja por la vereda de enfrente

para vos

tu mano cae dentro de mí 
en cada pliegue, 
habitan reclamos 

nos faltó tiempo 
calma, 
suavidad 

no te duermas, 
amanece 
estoy cerca, 
bajo tu pecho 
respiro

pus

la noche se abre inmensa ante mí 
y tu imagen se adhiere 
a esa pared de ojos secos 
que miran sin ver 

desolación, 
ausencia 
el olvido de la carne 
invita

buen día

los pájaros cantan una plegaria de amor 
está amaneciendo 
¡despierta! 

quizás no estés tan sola 
el cielo, 
la inmensidad 

otro punto perforando el vacío

todavía

toma una decisión 
calla o grita 
no me nombres en silencio

la espera es lenta 
otro té sobre la mesa 
y océanos de serenidad en el alma

en alpargatas

recuerdo tu voz naranja 
mojada 
el ruido de los autos 
fundiéndose con el viento 

arriba algo se mueve 
recién es martes 
y en mi cama 
ya hay un hueco 
de tanto habitarla 
como si fuéramos dos

suficiente

la mesa vacía 
los almohadones quietos 
mi cama tendida 
la ropa en el placard 

crujen las paredes de tanto silencio 
tantas horas de ayuno 
tantos días sin voz 

me tengo a mí 
hasta que la soledad 
cale los huesos

fantasía

guardé mi muñeca
en una cajita de cristal

de vez en cuando
la cajita se rompe
y los cristales la atraviesan

retrato

el naranja 
se mezcla 
junto a los grises 
de tus dedos 
de mis manos 

nosotros unimos 
las líneas 
afuera 
la lluvia 
tiñe cuadrados de luz 

un recuerdo 
una silueta 
y a lo lejos 
pinceles solos

un pedacito

a lo lejos el mundo se mueve 
y ella no sabe cómo detenerlo 
retenerlo, 
dejarlo ir 

la música está en otro lado

domingos de sopa y té

de la soledad de las noches aprendí 
a comer las sobras 
escondiendo suspiros 
dejo la mirada dormir 
sobre los objetos 
la cuchara atraviesa el líquido 
y cae con peso muerto 
allá en el fondo de la taza 
descansan rostros densos 
esos que alguna vez 
fueron la superficie 

sorbo a sorbo 
veo el reflejo de la luz 
extinguirse 
como si cada cucharada 
fuera un adiós inconcluso 

hubo gente, si hubo 
ya no sé qué hay 
sólo quiero hacer de cuenta 
que las flores aún estallan 
y que en realidad 
la mariposa no muere 
sólo desaparece 
quizás por un rato

adentro

Mi perra es gris. Odio a las personas que hacen trampa y no hay nada que me guste más que el helado. Los perfumes me dan alergia. Una sola olida y empiezo a estornudar, hasta que mi nariz se vuelve semejante a una canilla que no cierra. Cuando era chica soñaba con tener una cucheta. Cuando la tuve, me di cuenta de que los sueños a veces se hacen realidad. Desde ese momento, no puedo dejar de soñar… No me gustan mis pies y a veces, bato cualquiera. Prefiero escuchar antes que hablar. Jamás me salió la vertical o la medialuna. Lo que sí, una vez bauticé a mi vecino como “chancleto”. Hace varios años, estuve de novia con una columna y fui también, fanática de los vestidos arrastrantes. Sólo me siento en paz bajo el agua. ¡Cómo me molesta el amontonamiento de gente! Nunca odié en serio a nadie. Levantarme temprano es sinónimo de comer huevo, un asco. Quisiera poder cantar bien. Detesto hablar por teléfono. Quiero vivir en cero problemas, pero los demás no me dejan. A veces, como consecuencia del exceso de alcohol en sangre, se produce en mí una especie de afectividad pasajera. Sí, me pinta abrazar a la gente. Me encanta pasear en terodáctilo, cuando no está disponible el tractor. Tengo la extraña costumbre de cambiar las palabras. Las palomas me hacen la vida imposible. Es inexplicable la sensación que su proximidad me produce. Cada vez que termina el sábado me invade ese “estado domingo”, como si fuera una especie de virus sin antídoto. Todavía no aprendí a estacionar, por lo que me volví experta en encontrar lugares con un garaje adelante. Me olvido de a dónde estoy yendo todo el tiempo. No camino escuchando música porque sino, bailo sin darme cuenta. Tengo problemas con la costumbre del saludo y preparar el mate no es mi fuerte. Cuando era chiquita y estaba aburrida solía preguntar: ¡¿mamá qué quiero yo?! Entonces mi abuela para entretenerme señalaba a lo lejos y decía: ¡mirá un chancho volando! Por eso, si por ahí me ven mirando el cielo, es porque todavía estoy buscando ese chancho con alas…