viernes, 5 de agosto de 2016

abuelos

Me acordé de él y de nuestro amor inmenso. De su mano sosteniendo la mía, de mi mano sosteniendo la suya. De cómo caminábamos juntos, medios torcidos avanzando. Me acordé de él y de mis zapatos rotos, del hollín en la madera y ese portafolio. Las mañanas, los domingos, la miel, el campo. Me acordé de él y de esa voz en el teléfono, de la fuerza de sus brazos, del te y las teclas del piano.

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