Estaba pensando
en comer
un pedacito de sol
y que se llene mi estómago con luz.
Entonces los rayos,
ríos amarillos,
viajarían por el cuerpo
alargándolo aún más,
como queriendo volver al cielo.
Y sería mi piel tan clara,
blanca, casi transparente.
Una neblina ectoplasmática,
un vapor tibio.
Perdería peso,
forma, color
dejaría de ser yo,
para volverme
sólo mi nombre.
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