Confiar, del argentino “darlo todo”. La mano y también el codo, hasta el hombro y lo que sigue. Como en la danza, cuando los cuerpos se unen. Como en el circo, cuando los cuerpos se sostienen. Como en el teatro, cuando los cuerpos se acompañan. Yo confío como en la infancia, pura y más aún en la vejez, desnuda. Confío y salto desde la roca más alta. Una ola se gesta en el horizonte. Cierro los ojos, no peso. Agarro el aire, lo aprieto. Veo a mi abuelo en su sillón frente a la ventana: “pichoncito”. Confío, como él y vuelo.
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